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Iglesias y ermitas, actuales y desaparecidas, en Trébago (y III)



por Santiago Lázaro Carrascosa

IGLESIAS DESAPARECIDAS EN TRÉBAGO.
Ya hemos indicado anteriormente (La Voz de Trébago, n 3, página 8) que la actual iglesia es gótica con arreglos barrocos, la primera de mediados del siglo XVI y los segundos de los siglos XVII y XVIII. Añadimos ahora que la actual iglesia, sin ninguna duda, se erigió sobre el solar que durante más de cuatro siglos ocupó una iglesia románica, que debió ser extremadamente sencilla, aunque no carente de los adornos distintivos del románico castellano, traído a estos humildes lares por los reconquistadores, mejor repobladores castellanos, del segundo tercio del siglo XII. Y decimos repobladores, ya que esta zona de Agreda, junto con toda la parte oriental de la provincia de Soria, incluidos Medinaceli y Almazán, y todos los pueblos y villas de sus tierras, fue definitivamente reconquistada al poder musulmán por Alfonso I El Batallador de Aragón en 1118, es decir, principios del siglo XII.

Tenemos nuestras dudas de que no pudiera haber existido en este mismo lugar una iglesia de época visigoda, a juzgar por la existencia de una pila bautismal o del agua bendita, recogida y conservada por nosotros, que según nuestra modesta opinión podría ser visigoda, igualmente que ocurre con la pila del agua bendita en la iglesia de Montenegro, pueblo vecino, a 4 Km. de distancia, que nos parece visigoda. Es probable también que ese mismo edificio, u otro de factura árabe, pudiera haber sido la mezquita para el período musulmán de cuatro siglos que dominó políticamente esta zona.

Pero volviendo a la iglesia románica, de su existencia no tenemos ninguna duda, ya que los restos arqueológicos, que de ella quedan así lo demuestran. Unos están empotrados en las paredes de la actual iglesia, como son las dos cruces, una en la fachada norte y otra en la fachada sur, que medievalmente se colocaban en las cuatro esquinas de los campos-santos, o cementerios, para librar a las almas de los cristianos difuntos de las acechanzas del demonio y sus criaturas infernales. Otros elementos de construcción románica de la primitiva iglesia deben estar empotrados en paredes y contrafuertes, como sucedió con un capitel románico que estaba formando esquina de una pared en la puerta de entrada al recinto sagrado, y que fue reconocido y recogido por nuestro hermano José, que lo conserva. La pila bautismal, que todavía sigue en funcionamiento, es románica. Tenemos nosotros también recogida una basa de columna románica que encontramos desperdigada en la majada de nuestra abuela paterna, y que cuando tuvimos conciencia de su valor la recogimos y conservamos.

Finalmente tenemos la pila del agua bendita o pila bautismal, ya mencionada, y que igualmente que la basa, dicha, servía de bebedero para las gallinas en el corral de nuestra entrañable bisabuela materna Doña Lorenza Cascante, que conocimos y quisimos entrañablemente. Esta pila es la que pudiera ser visigoda, o finalmente románica que pudiera ser la opinión más acertada. También conservamos dicha pila en nuestro museo, en donde la acogimos cuando supimos de su importancia.

Después de la reconquista de Trébago y la Tierra de Agreda por Alfonso I El Batallador de Aragón, pronto pasó toda esta zona al dominio de los reyes de Castilla y León, y sin tardar mucho tiempo comenzaría la repoblación correspondiente, mediante las cartas puebla de los reyes castellanos y la formación de las Comunidades de Villa y Tierra. La repoblación, por consiguiente, de Trébago, no habiendo documentación escrita fehaciente de ella, la podemos situar tentativamente en el reinado de Alfonso VII El Emperador, en la segunda mitad del siglo XII, y por tanto consideramos de esa época la construcción de la primitiva iglesia románica de Trébago, pues una de las primeras cosas, si no la primera, que los reconquistadores y repobladores castellanos hacían al llegar al lugar destinado para repoblarlo, era la construcción de la correspondiente iglesia, para asistir a sus inquietudes religiosas, casi místicas, de las que estaban pletóricos. Iglesia románica, pues, de la segunda mitad del siglo XII.
ERMITAS DESAPARECIDAS EN TRÉBAGO - ERMITA DE SAN SEBASTIÁN.
Ya indicamos también anteriormente la muy posible existencia de una ermita probablemente bajo-medieval en el solar que actualmente ocupa la actual ermita dedicada bajo la advocación de la Virgen del Río Manzano, y las razones por las que consideramos muy probable esta tesis nuestra.

Ahora bien, con restos en unos casos, y con éstos y referencias escritas en otros, podemos afirmar rotundamente que en Trébago existieron dos ermitas de procedencia alto-medieval, la una bajo el culto de San Sebastián, situada en la misma pradera de la ermita actual a unos trescientos cincuenta metros al sur, y la otra bajo el patronazgo y devoción de Santiago Apóstol, que fue al que se le encomendó la evangelización de España, y que según la leyenda está sepultado en Santiago de Compostela (Galicia).

Respecto a la ermita de San Sebastián, hemos encontrado una referencia a su existencia, en el libro de Cabreo, del archivo parroquial, en el cual al describir límites y extensión de una finca de labor, para constituir una capellanía, finca que aún perdura en el lugar actual de la ermita con la que linda por el oeste, hemos leído, que dicha finca lindaba por el sur con la Ermita de San Sebastián, ya desaparecida, según reza la alusión escrita. Esta alusión en el libro de Cabreo, es del siglo XVIII, en sus comienzos, y por lo tanto, no hace referencia a la posible construcción de dicha ermita de San Sebastián. Nosotros con estos datos, inspeccionamos el lugar, y efectivamente, pudimos encontrar, y aun perduran, los cimientos con algún residuo de lienzo de pared, de un pequeño edificio de forma rectangular, que mide 15 metros de largo por 7'5 metros de ancho, y con el vano de una puerta abierta al sur. En la parte oriental de los restos está delimitado un espacio cuadrilongo que debió hacer de altar mayor, y al oeste, por descontado, los pies de la sencilla construcción. La construcción es de apariencia pobre y muy modesta, y no hemos encontrado ninguna piedra labrada ni elemento ornamental que pudiera dar alguna pista sobre su fecha de construcción. Lo mas probable es que si tuvo en su tiempo elementos de construcción trabajados y ornados, al entrar en ruina y ser abandonado su culto, fueran empleados en la construcción de la ermita aledaña.

Cómo y porqué se vino en construir una ermita en Trébago, dedicada al culto de un santo francés, que sufrió doble martirio por asaetamiento en Narbona (Francia), durante las persecuciones de cristianos por el Emperador Diocleciano?

Para nosotros, este culto en España a San Sebastián fue introducido por caballeros francos durante la alta edad media. Es bien sabido que bajo el imperio de Carlomagno, a partir del último tercio del siglo VIII, los ejércitos francos atravesaron numerosas veces los Pirineos, unas veces, diz, que para ayudar a los reinos cristianos en su lucha de reconquista contra los musulmanes, pero normalmente con miras a la reconquista de territorios españoles para sumarlos al imperio de los francos, o cuando menos a mediatizar los incipientes reinos españoles pirenaicos, como sucedió con la Marca Hispánica y el reino de Navarra. Durante todo este movimiento de ejércitos y caballeros franceses, más intenso en Navarra, pensamos nosotros que no hay nada extraño en que esos mismos caballeros y soldados trajeran sus propias devociones, y acaso, asentándose en territorios españoles, les dedicaran iglesias a sus patronos y santos. Esto es lo que creemos debió acontecer con San Sebastián, y aunque no hemos hecho investigaciones sobre este aspecto en la zona navarra, sí hemos constatado que la devoción a este santo francés está muy arraigada en la provincia de Soria, y principalmente en la zona noreste, que antiguamente ocupaban las comunidades de Villa y Tierra de Yanguas, de San Pedro Manrique, de Magaña y de Agreda.

En esta zona de la provincia de Soria hay 11 edificios, entre parroquias y ermitas, dedicadas al culto de San Sebastián, de las cuales tres son parroquias: Vellosillo (Yanguas), Acrijos (San Pedro Manrique) y Débanos (Agreda), y ocho ermitas: en Yanguas, Fuentes de Magaña y Pobar en la tierra de Magaña; y Trébago, Valdelagua, Olvega, Fuentes de Agreda y Vozmediano en tierra de Agreda. Sabemos que la primera reconquista de las comunidades de Villa y Tierra de Yanguas, San Pedro Manrique y Magaña fue hecha y administrada por mucho tiempo por el reino de Navarra, de donde procederían los repobladores de estas Comunidades sorianas, y a donde llevaron con seguridad el culto a San Sebastián, importado al reino de Navarra por los caballeros francos que ayudaron a la reconquista. Ahora bien, la Tierra de Agreda se repobló con hombres y mujeres procedentes de Yanguas, Magaña y San Pedro Manrique, y a su vez estos repobladores, además de otros cultos y advocaciones, llevarían a la tierra de Agreda, en donde tiene como hemos visto mucho culto, nada menos que una parroquia y cinco ermitas, la devoción por este santo francés, San Sebastián. Creemos muy lógico nuestro razonamiento.

Según esto, podemos suponer que los repobladores de Trébago, como estudiamos en otro lugar, pudieron proceder de Vellosillo o Yanguas, de la Comunidad de Villa y Tierra de Yanguas; igualmente pudieron venir de Acrijos de la Comunidad de Villa y Tierra de San Pedro Manrique; o de Fuentes de Magaña y Pobar de la Comunidad de Villa y Tierra de Magaña, en los lejanos días del último tercio del siglo XII, durante los reinados de Alfonso VII El Emperador y de Alfonso VIII El de las Navas. Es posible.

Considerando que el número de parroquias y ermitas, que nosotros sepamos en el ámbito de la provincia de Soria, es de 15, resulta que el 75 % de las mismas está situada en la zona noroeste que estudiamos, zona reconquistada por los navarros, y es una razón más para suponer que fueron los reconquistadores navarros los que trajeron el culto a San Sebastián, y que a su vez pudieron tomar de los francos, que les ayudaban en las tareas reconquistadoras a los árabes.

Una cosa curiosa es que la devoción a San Sebastián va unida, muchas veces, en todos estos pueblos que reseñamos, entre ellos Trébago, va unida decimos, a la de San Roque. En Trébago se canta al son de jota el estribillo siguiente:
San Roque y San Sebastián
debajo de una piedra están,
El uno como queso,
y el otro come pan.
Después continúa con otro estribillo añadido, con sentido más sarcástico, que no es el caso de reproducir. Igualmente se canta este otro:
San Sebastián fue francés,
y San Roque peregrino,
y lo que tiene, a los pies,
San Antón, es un cochino.
Los transcribimos para recalcar la concomitancia entre San Roque y San Sebastián, y en algunas ocasiones con San Antonio Abad, cuyo día es el 17 de enero, y al que en Trébago se llama San Antón el Hormiguero por la relación al celebrar su día, con las gachas u hormigos, que en ese día es comida popular generalizada. También indican estas estrofas, y recalcan, la procedencia de San Sebastián, es decir de Francia.

Bajo relieves grabados, en la cara externa de la pila bautismal románica, de la iglesia del mismo estilo desaparecida. Además, ya casi desgastados por el tiempo y poco visibles, están un cáliz, una cruz, y otro no distinguible. Símbolos con algún significado esotérico?

Dibujos hechos por Iris Lázaro Martínez

ERMITAS DESAPARECIDAS EN TRÉBAGO - ERMITA DE SANTIAGO.
De la ermita dedicada a Santiago El Mayor, Apóstol, ubicada en el Cerro Santiago, topónimo muy explícito, ya teníamos noticias desde muy pequeños a través de la tradición oral presente en los habitantes de Trébago. Igualmente se conocía la existencia de las cruces del calvario, hasta su final en la base del Cerro Santiago, a un centenar de metros de la ermita, así como la ubicación de ésta en una actual finca de labor.

Posteriormente, y ya con más elementos de juicio, identificamos los cimientos correspondientes a la ermita, así como restos de los muros norte y oeste de la misma sepultados bajo escombros. Igualmente encontramos tejas, cerámica, y lo que es más importante, tres o cuatro eslabones de cadena de bronce, de las que sostenían y sostienen las lámparas de las iglesias y ermitas.

Al final del calvario, en el punto más arriba indicado, al abrigo del cierzo y del gallego (viento del oeste) ambos muy fríos, en un lienzo de pared construida con piedra sin labrar y argamasa de cal y arena, de unos 2 metros de largo por 1'50 de alto, y 0'70 m. de grueso, están vaciadas en el paramento las tres cruces clásicas. La central más alta que las laterales. Este vaciado o hueco en la pared de cal y canto era ocupado por sendas cruces de madera, de roble o encina, convenientemente labradas, y hechas a medida de los correspondientes huecos de la pared, que naturalmente ya han desaparecido, quedando, como decimos, los huecos. Este modo de construir los calvarios con las cruces de madera empotradas en las paredes es clásico durante toda la edad media, sobre todo en el medio rural, en el que con pocos medios económicos del pueblo llano, y con menguadas o nulas ayudas de nobles y poderosos, que hicieran donaciones o fundaran capellanías, para iglesias y menos para ermitas, no se disponía de dinero para hacer cruces ornamentales, románicas o góticas, que costaban abundantes desembolsos. En cambio, empotrándolas en las paredes hechas con arena, cal y piedras sin labra, y con abundante madera de roble o encina (disponible para fabricarlas), tenían los elementos completos con poco costo, y además la mano de obra vecinal gratis, requerida, para esas obras de tipo religioso.

Con todos los datos que hemos reseñado más arriba, creo que tenemos fehacientemente demostrada la existencia de una ermita de época alto medieval, dedicada al culto de Santiago el Mayor, Apóstol, y ubicada en el Cerro Santiago, muy cerca de nuestro pueblo Trébago.

Además, es absolutamente seguro, que por la falda del Cerro Santiago, y a escasa distancia de la ermita que estudiamos, pasase un camino de peregrinación a la ermita y casa del Señor Santiago en la villa de Jubera, municipio de la actual provincia de La Rioja, situada a orillas del río Jubera, afluente del Leza, el cual desemboca en el Ebro, por su derecha, en Agoncillo. Este camino de peregrinación era uno de los muchos que procedentes de las provincias actuales de La Rioja, Navarra, Zaragoza y Soria, llevaban al peregrino hasta Santiago de Jubera, con la posibilidad, si así lo deseaban algunos de ellos, de continuar dicha peregrinación hasta Santiago de Compostela, enlazando con este principal Camino de Santiago en la ciudad de Logroño. Noticias estas de Santiago de Jubera, suministradas por Hortensia Ruiz Ortiz de Elguea en su artículo LA DEVOCION A SANTIAGO DE JUBERA EN LA EDAD MEDIA, publicado en la revista BERCEO, del Instituto de Estudios Riojanos, Número 81, año de 1971.

Este camino partiría de Tudela y su comarca (Navarra) y por el valle del río Keiles tocaba Monteagudo y varios pueblos de esa provincia, después Tarazona (Zaragoza) hasta Agreda (Soria). De aquí a Fuentestrún, Trébago, Magaña, Valtajeros, San Pedro Manrique, Yanguas, y por el valle del río Cidacos hasta Munilla, ya en La Rioja, y de aquí al valle del río Jubera, para poco después llegar a Jubera, en donde estaba la Ermita y Casa del Señor Santiago, como se decía en la edad media. En los pergaminos que estudia Ruiz, del siglo XVI, copia de otros anteriores del siglo XIV, pero que hacían referencia a milagros del Señor Santiago, ocurridos probablemente en la segunda mitad del siglo XII, se citan los milagros que hiciera El Apóstol a vecinos de Fuentestrún, contiguo a Trébago, a dos Kms.; de Valtajeros, a unos doce Kms.; de San Pedro Manrique, etc. etc.

Durante los siglos VII y VIII, empieza a circular la especie de que el Apóstol Santiago el Mayor había evangelizado a España, y a partir de esta idea legendaria va apareciendo la devoción cristiana al Apóstol. Posteriormente, dos supuestos hechos, casi simultáneos, hacia mediados del siglo IX, incrementarían vertiginosamente la devoción a Santiago, no sólo en España sino en todo el orbe cristiano europeo.

Uno de estos hechos fue el descubrimiento de la supuesta tumba del Apóstol Santiago en un lugar aledaño a la ubicación actual de Santiago de Compostela, donde estaba asentada la ciudad episcopal de Iria Flavia. Esto conmovió al mundo cristiano, y como la noticia cayó ya en un de por sí muy abonado campo cristiano por la idea de la evangelización de España por Santiago, el resultado fue el desarrollo incontrolable de la devoción y deseo de peregrinación a Santiago y su sepulcro. Este culto y peregrinación, ya están definitivamente consolidados y desarrollados hacia mediados del siglo XII, datación que consideramos muy probable para la construcción de la ermita dedicada a Santiago en Trébago.

El otro hecho que también contribuyó a exacerbar de manera definitiva el culto Jacobeo y sus peregrinaciones fue la leyenda de la inexistente y famosa batalla de Clavijo entre cristianos y moros, en donde se cuenta que Santiago (Matamoros en este caso) montando un caballo blanco y blandiendo una espada flamígera, ayudó a ganar la batalla a las huestes cristianas del Rey Ramiro I de Asturias, liberando con esta victoria sobrenatural a los reyes asturianos del ominoso tributo de las cien doncellas, que cada año tenían que pagar a los emires musulmanes de Córdoba.

Ante tal desbordamiento del culto, devoción y pasión por la peregrinación al sepulcro del Apóstol, no es extraño que surgieran en muchos lugares de España ermitas e iglesias que polarizaron el culto y la devoción Jacobea, y que se convirtieran en puntos de peregrinaciones secundarias, a falta o en sustitución del centro por excelencia de Santiago de Compostela, y los caminos de peregrinación que a él conducían y conducen.

Estos puntos secundarios de peregrinaje surgieron, primero, porque no todos los devotos y creyentes jacobeos, estaban ni tenían las condiciones económicas para sufragarse el costo de una peregrinación tan larga y costosa, y después, porque la avalancha de peregrinos debió congestionar en muchos momentos los albergues, estaciones y posadas del Camino, y no digamos la propia ciudad de Compostela. No por ello, estos puntos secundarios de devoción Jacobea y peregrinaciones más locales dejaron de tener la asistencia espiritual del Apóstol Santiago, realizando, en todos ellos, muchos y asombrosos milagros, como los de Santiago de Jubera reseñados por Ruiz Ortiz de Elguea en su aludido estudio.

Con todo esto queremos reseñar que, si durante aproximadamente tres siglos, desde que comienza el culto a Santiago, hasta la reconquista y repoblación de Trébago y la tierra de Agreda, a principios del siglo XII, aumenta sin cesar la devoción, los caminos de peregrinaciones, y la fundación de ermitas secundarias como destino final de peregrinación, o incluso intermedio para completar el Camino de Santiago a Compostela, no nos parece nada extraño que este camino de peregrinación a Santiago de Jubera, que pasa por Trébago, y la fundación de su ermita, con un probable albergue de peregrinos, fueran realizados, la ermita y albergue, poco tiempo después de su reconquista y repoblación. Parece lógico que fuera primero el uso del camino por los peregrinos a Santiago de Jubera, y que poco después se levantase la ermita en el Cerro Santiago, y el albergue-posada para atender las necesidades de culto, espirituales y físicas de los peregrinos, que por aquí circulaban, camino de Santiago de Jubera.

El plano que adjuntamos de estas dos ermitas, a escala 1:268, los hemos confeccionado tomando medidas aproximadas de los vestigios que sobre el terreno hemos observado, y que tanto en una como en otra están cubiertos por tierra, con abundante cerámica en la de Santiago, y por hierba en la de San Sebastián.

Haciendo una excavación no muy profunda se podrán delimitar perfectamente los correspondientes cimientos y dependencias. Mientras tanto nos hemos guiado por los altibajos del terreno que, en forma de escombros, cubren y delimitan el inicio de las paredes de los edificios.

No hace muchos años, cuando nosotros éramos estudiantes universitarios, recordamos vagamente la existencia de restos de paredes de las dos ermitas. En la de Santiago queremos recordar que los había en el lado norte y oeste, y en la de San Sebastián en varios puntos del edificio.

La ermita de Santiago era de planta cuadrada, orientada de este a oeste y con un más que probable pórtico-albergue en su lienzo sur, a juzgar por los abundantes escombros y piedras acumulados en esta parte del terreno. Dicho pórtico-albergue proporcionaría buen abrigo del cierzo y del gallego, particularmente en el invierno, a los peregrinos a Santiago de Jubera.

La ermita de San Sebastián, por lo que hemos observado sobre el terreno, debía tener un ábside semicircular, que también podría haber sido poligonal, cuestión que se resolvería con una pequeña excavación. Orientada, así mismo, de este a oeste.

No hemos encontrado ninguna piedra labrada ni ornada, y es seguro que, si hubo algún material de esta clase, se debió aprovechar en la construcción de la actual ermita y otros edificios religiosos, públicos y particulares.


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