Amanece, allá a lo lejos
sobre la triste y callada ciudad.
En un momento, en breves instantes
el bullicio y el ruido inunda sus calles.
Y entre tanta miseria y suciedad
una paloma vuela, vuela sin cesar.
Es un soplo de aire fresco el que trae
un rayo de esperanza en el que soñar.
La paloma vuela desconcertada,
hace días que anda perdida,
no encuentra a sus demás compañeras,
y ha llegado a la triste ciudad.
Pero el aire sucio no la deja respirar
y sus fuerzas van desapareciendo
lentamente, como el goteo de una fuente
siente que pronto llegará su final.
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Y echa de menos aquellos verdes parajes,
aquellos montes, aquellos ríos
en los que siempre el aire era limpio
y no había tanta suciedad.
Poco a poco, lentamente
su vuelo se hace menos alegre,
ya nunca podrá alcanzar
a sus compañeras en busca de un nuevo hogar.
Cae al suelo sin aliento
entre coches, humo y gente.
Ha llegado ya el final,
ya no volará jamás.
Hoy tan solo fue una paloma
y mañana.... ¿A quién le tocará
sucumbir en esta selva
de asfalto y de metal?
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