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El Juego de la Calva en Trébago

(Una aproximación a lo que fue un bonito juego practicado por nuestros abuelos y en menos ocasiones por nosotros)



por José Lázaro Carrascosa

Fue a mediados de la década de los sesenta cuando, después de asesorarnos de los viejos y sobre todo de los que llevaban fama de buenos tiradores de Calva, nos propusimos recuperar este juego que, la verdad es, tengo que confesar, no tuvo ni despertó grande expectación. Solamente ocho o diez amigos a los que nos entusiasmó la experiencia fuimos los que jugamos una temporada, y por esto hoy nos sentimos recompensados escribiendo este relato que me pidió nuestro presidente, Juan Palomero, para divulgar en la revista de nuestra Asociación de Amigos de Trébago los juegos con los que se entretenían nuestros mayores.

Después de lo apuntado trataremos de relatar todo lo que oímos de nuestros mayores referente a la Calva.


MATERIAL NECESARIO:

En el dibujo que se adjunta se reflejan los elementos necesarios para llevar a cabo el juego. Este es de una simpleza extraordinaria.

La calva está fabricada de un trozo de madera, que puede ser roble o encina, pero siempre de una pieza. De aquí que haya que saber elegirlo bien, pues ha de formar con la zapata o base un ángulo obtuso, y sobre la misma lleva el colchón, que cuando nosotros tratamos de revivirlo, en vez de una abarca usada que le ponían nuestros abuelos, ésta la suplimos por un trozo de cubierta de rueda de coche, lo que dio buen resultado por dos razones: una, porque la goma es más recia, pesa más y otra, porque al ser cóncava es más fácil precisar cuándo algunas de las piedras lanzadas por los jugadores ha tocado en el colchón antes que en el frontis ("se acortó la piedra"), provocando que el tiro fuera nulo. ¡No pasa al contador!, dictaminaban los dos hombres que a este objeto se nombran y que solían ser dos buenos tiradores de otro tiempo y que, según nos contaban nuestros padres, eran serios, imparciales y justos. Piedras de lanzar. Dos piedras alargadas, de unos 20 centímetros, y redondeadas, con un peso aproximado de un kilogramo y cien gramos.


CÓMO SE ORGANIZABAN LAS TIRADAS:

Estas podían ser de mano a mano, dos a dos, tres a tres y ocho a ocho. Se tiraban dos piedras, todos tenían que tirar con las mismas piedras y en cada tirada individual la distancia desde la que se lanzaban era de entre 6 - 8 y 10 metros, según lo acordado.

Cada jugador, como es obvio, sólo podía conseguir dos tantos en cada tirada, y de esta manera, turnándose unos y otros, acumulaban tantos hasta conseguir cubrir el cupo estipulado. Los que antes lo cubrían eran los ganadores.

Las partidas de 8 contra 8, -era curioso, en ellos nunca hizo presencia el dinero-, solían establecerse a 100 tantos para jugarse una cena. Si se quedaba en merienda, a 80 tantos. Si la partida era para jugarse unos vinos, a 50 tantos. Y muchas (las más de las veces), sin jugarse ni un céntimo.

No nos extraña que así fuera, ya que este juego, al igual que, por ejemplo, "la Barra", son juegos deportivos que para el mantenimiento físico son extraordinarios y saludables. Sabían bien nuestros antepasados lo que se traían entre manos.

Con estos y otros juegos parecidos pasaron ratos agradables y felices. Hoy nos es grato el recordarles y sentimos nostalgia grata y retrospectiva de aquellas vivencias de su juventud que nos contaron y que tantos ratos felices nos hicieron paladear. ¡Gracias a ellos somos como somos!.


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