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Leyendas de Trébago


Leyenda de los templarios


por Santiago e Irene Lázaro

En el término municipal de Trébago existe un monte llamado de los Templarios, que toma su nombre de las ruinas de un antiquísimo convento (1) que perteneció a la orden militar de los Templarios. Dicha orden fue fundada a principios del siglo XII por Hugo de Payens y Godofredo de San Adhémar, para amparar y socorrer a los peregrinos que acudían a Tierra Santa, añadiéndose, posteriormente, a ese primer objetivo, la lucha contra el infiel, lo que le confirió un carácter guerrero y bélico.

Los templarios acostumbraban a emplazar sus conventos en lugares estratégicos, solitarios y apartados, ideales para que sus moradores, durante las temporadas de tregua en sus luchas, se dedicaran a la meditación y a la penitencia.

De todos es conocido el trágico fin de los templarios, según unos por lo horrendo de sus crímenes, según otros por el odio y la envidia que despertaron entre noble y reyes las enormes riquezas e influencias que acumularon durante los 200 años de su existencia como orden militar. Pero lo cierto es que, a partir de 1307, fecha en la que se inicia contra ellos el famoso proceso promovido por el rey de Francia, Felipe el Hermoso, fueron perseguidos, acosados y asesinados hasta su total extinción, en toda la cristiandad.

En Trébago se cuenta que durante la noche de difuntos los esqueletos de los antiguos templarios envueltos en los jirones de sus sudarios, y montados en fantasmagóricos corceles, bajan del monte en ruidoso tropel, clamando venganza por la injusticia que con ellos se cometió. Otros dicen que, debido a sus grandes crímenes, la Omnipotencia Divina los condenó a estar atados para siempre a los lugares donde cometieron sus fechorías.

En el pueblo se asegura que un cazador, olvidando la fecha de difuntos, se retrasó en el monte, sorprendiéndole la noche en las inmediaciones de las ruinas del convento. Cuentan que, paralizado de terror, a medianoche vio como se levantaban las losas de las tumbas y cómo los tétricos esqueletos de los monjes salían de sus encierros y, entre aullidos de dolor, gritos de venganza y entrechocar de espadas y escudos, se dirigían en macabra procesión hacia el pueblo. El cazador fue encontrado al día siguiente moribundo, teniendo apenas tiempo de contar en frases entrecortadas por el terror, las horas de angustia vividas durante la noche.

Para la noche de Difuntos, muchos años, ya han caído las primeras nieves y dicen los vecinos que, a la mañana siguiente, se pueden ver claramente en la nieve las huellas de los esqueletos marcadas en el suelo, y seguir su rastro hasta las sepulturas abiertas en el atrio del convento.

(1) Convento templario de San Adrián, ubicado en el término municipal de Valdegeña, muy cerca de la divisoria de este término con el de Trébago. Da nombre al monte Templario o de los Horcajos en la falda norte de la sierra del Madero. Datos:
  1. Plano de la Iglesia, de la que solamente quedan restos del muro norte, del ábside y los absidiolos, cuyo trazado circular se puede apreciar claramente en los escombros que los rodean.
  2. Habitáculos y celdas de los monjes, con la fuente que abastecía el convento de agua potable.
  3. Probable cementerio monacal.
  4. Patio o jardín.
  5. Probable huerta de riego que ocupa una meseta con ligera inclinación al sur, pero bastante llana, y susceptible de ser cultivada para la obtención de hortalizas y cereales, situada entre los dos barrancos, que la limitan por el este y por el oeste, formando un espacio de forma triangular.
Nosotros hemos visitado estas ruinas desde hace más de 50 años, siendo los restos, en aquellos días, más completos que los actuales, lo que, unido a las tradiciones de pastores, leñadores y cazadores, nos permite tratar de ubicar en el plano las posibles dependencias del convento.


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