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por José Lázaro Carrascosa
De un pueblo ser alcalde, es gran honor, ser alcalde de un pueblo, es un castigo. Es ser rey que gobierna con amor, ser amo, ser vasallo, ser mendigo. Ser tribuno altruista, ¡ser muy grande! Ser olvido y silencio, ser pequeño, ser idea y palabra, ser alarde, ser acción generosa, ser empeño. Ser alcalde de un pueblo en decadencia es algo que deprime la ilusión, es algo que ilumina la conciencia... ¡Martillo que golpea el corazón! Es romper una lanza contra el pielgo del humano egoísmo... ¡Que no es nada!... Y caer derribado del jamelgo... ¡Y reir y llorar la quijotada!
Trévago, octubre de 1966 | |  |
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