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El juego de la Pita en Trébago (I)

por Iris Lázaro Martínez






Es éste un juego tradicional, también llamado el coto o el marro, en el que llama la atención el hecho de que sea un juego de mujeres, raramente participaba algún mozo, y nadie recuerda en Trévago que se organizara un partido entre hombres, a pesar de que requiere ejercicio físico, fuerza y habilidad.

Se comenzaba a jugar en primavera, en cuanto la mejoría del tiempo lo permitía y se elegía un espacio llano o con una ligera cuesta, preferiblemente de tierra apisonada donde la pita rodara con facilidad. El campo de juego no tenía dimensiones concretas, se fijaban en cada partido (más pequeño si jugaban niñas) y quedaba delimitado por una raya trazada en el suelo a partir de la cual se "acotaba" y a la distancia que se acordaba entre las jugadoras se colocaban tres piedras espaciadas entre sí, llamadas "las tres", "las seis" y "las nueve".

Para jugar se utilizaban el marro, la pita y delantales.

El marro o coto: Un palo de unos 60 cms. de largo que a veces tenía trabajada la empuñadura.

La pita: Pieza de madera con forma de cilindro rematado en sus extremos por otros dos más pequeños llamados pitiles, de unos 15 ó 20 cms. aproximadamente.

Los marros y pitas buenos eran de roble o de carrasca y solían hacerlos los pastores.

Delantal: Los mejores delantales para jugar eran largos y muy fruncidos en la cintura de forma que tuvieran mucho vuelo.

TERMINOLOGÍA
Acotar: Lanzar la pita con el marro; Sujetar la pita con una mano y al soltarla golpear con el marro lanzándola lo más lejos posible.

Recoger: Con el delantal extendido coger la pita al vuelo o mientras rueda por el suelo.

Pitilear: La pita en el suelo, se golpea con el marro en un pitil haciéndola saltar; mientras está en el aire se toca ligeramente con la mano izquierda dándole un pequeño impulso o modificando su trayectoria para que quede en una mejor posición para golpearla con el marro lanzándola lo más lejos posible.

Vana: Intento fallido de acotar.

Mocho: De común acuerdo las jugadoras declaran "mocho" un trozo del terreno de juego en el que por sus especiales características (un rincón, la hierba. etc...) es muy difícil recoger la pita. Significa que no se puede acotar en esa dirección, y la jugadora que lanza la pita y cae en mocho pierde el turno.

Cosque: Lanzar la pita rodando y golpear con ella el marro puesto horizontalmente en el suelo.

Ir para arriba y para abajo: Cuando las jugadoras son impares la última va "para arriba y para abajo". Juega en primer lugar con las que acotan y en cuanto es eliminada pasa a jugar inmediatamente con las que están recogiendo. Es decir, juega con los dos bandos alternativamente y no puede pitilear.

Reunidas las mujeres, dos de ellas echan a suertes para comenzar a elegir a las jugadoras, una cada una hasta que se forman dos equipos. Pueden participar cualquier número de jugadoras, y si son impares la última va para arriba y para abajo. Después se vuelve a echar suertes para ver cuál de los dos bandos comienza a acotar. Las que acotan se ponen detrás de la línea marcada y las contrarias se sitúan a lo largo y ancho del campo con los delantales extendidos cubriendo entre todas lo mejor posible el terreno donde puede caer la pita. Acota la primera, y puede ser eliminada de tres maneras:
  • Si cualquiera de las contrarias coge la pita al vuelo con el delantal.
  • Si la pita cae al suelo se puede coger poniendo el delantal extendido en su trayectoria, de forma que la pita entre rodando, sin tocarla con la mano.
  • Si no se consigue ninguna de las dos cosas, la que ha acotado pone el marro horizontalmente en el suelo, en la línea, y una de las contrarias tiene que lanzar la pita con la mano desde donde ha caído, adelantándose un paso, y darle al marro. Si le da cosque, queda eliminada pero si no, la que ha acotado tiene ahora derecho a pitilear, es decir. a conseguir tantos.
Para pitilear se coloca la pita en el suelo, en la línea, y como se ha explicado anteriormente se golpea con el marro lo más fuerte posible, pues se trata de aproximarse a las señales que marcan "las tres", "las seis" y "las nueve". Se vuelve a pitilear desde donde ha caído la pita (que no se puede tocar ni modificar su posición) y así hasta tres veces. Se puede conseguir un máximo de nueve puntos si se sobrepasa la última señal y un mínimo de uno si no se llega a la primera piedra.

No se puede estorbar a la jugadora que está pitileando y para evitar esto hay una penalización; si cualquiera de las contrarias roza la pita se considera que le conceden las nueve, es decir, la máxima puntuación. Así que las contrarias procuran no acercarse a la que está pitileando ya que ésta cuando no lo está haciendo bien y ve que no va a conseguir una buena puntuación, puede utilizar la astucia de lanzar la pita hacia alguna de las contrarias que esté distraída y al rozarla consigue las nueve.

A veces cuando la jugadora pitilea bien, para abreviar, alguna de las del bando contrario pregunta a sus compañeras -¿se las damos?-. Si todas están de acuerdo, una de ellas toca la pita, lo que significa que no es necesario que siga pitileando porque se concede el máximo de tantos. En otras ocasiones se producen ofertas y regateos; por ejemplo: una jugadora pitilea la primera vez, y la pita se queda a mitad de camino entre el punto de partida y las señales, entonces las contrarias pueden ofrecer -te damos cinco tanto (o seis, o tres... o los que crean convenientes) y no sigues pitileando-. Las otras pueden aceptar o regatear tantos, dependiendo de la posición en que haya caído la pita y su dificultad para continuar, etc..., o no aceptar, y la jugadora termina de pitilear las tres veces reglamentarias.

Sigue acotando la misma hasta que se le elimina, y así sucesivamente todas las del grupo. Cuando todas están eliminadas pasan a recoger y las otras a acotar.

Los tantos que va consiguiendo cada equipo se suman hasta completar treinta "malas" y treinta "buenas" (se llaman así a los 60 tantos que hay que conseguir). Cuando faltan menos de nueve tantos para completar las buenas -por ejemplo, a un equipo que lleva 26 buenas, sólo le faltan cuatro- hay que hacerlas justas, pues si se pasa, se retrocede a los mismos tantos que se tenían, pero de malas; -en este caso el equipo tendría que continuar pero desde 26 malas- para ello se colocan las compañeras de la que pitilea en fila, agachadas y con los delantales extendidos en el suelo, formando una barrera, en este caso entre las señales de "las tres" y "las seis" más o menos donde se calcula que estarían "las cuatro". Al pitilear, la pita va a parar a los delantales y así no pasa de los cuatro tantos necesarios en este caso.

Una vez que se completan las treinta buenas, se deja de pitilear y ya sólo se trata de conseguir uno a uno, cinco tantos más. "A por el novio", "a por la novia", "a por el padrino", "a por la madrina" y "a por el cura" son los gritos que anuncian estas últimas jugadas y con esta boda queda ganado el partido.

Aún se puede prolongar el juego con un tanto más "a por el allávalo", pero éste es voluntario, siempre que las que estén acotando quieran ofrecer de propina una oportunidad más de ser eliminadas (ocasiones ha habido en que por el allávalo se ha perdido un juego que se iba ganando con holgura).

Quedan por consignar dos curiosas particularidades:

Cuando participa algún mozo en el juego, no usa el delantal atado a la cintura, sino que lo utiliza enrollado en las manos, o bien coge la pita con las manos desnudas.

En tiempo de Cuaresma se cuentan las "vanas" (fuera de estas fechas no se tienen en cuenta). Durante estos días la jugadora que hace tres vanas seguidas queda eliminada y si hace una o dos, las contrarias disponen de una ventaja para eliminarla, pues si no recogen la pita con el delantal, la jugadora que va a intentar dar cosque, se coloca la pita en el empeine del pie y la lanza hacia adelante aproximándose al marro (dos veces si son dos vanas) con lo cual es ya muy fácil desde poca distancia dar cosque.

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(1) El presente artículo fue publicado en la Revista de FOLKLORE nº 137, editada por Caja España.

Las fotografías corresponden al juego celebrado en las fiestas de Trébago el 5 de septiembre de 1982.

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