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MIS VIVENCIAS Y RECUERDOS EN TRÉVAGO DE 1925 A 1937 (II)

(Continuación)



por Julián Romera Gómez

En la PRESENTACIÓN que hice en la primara parte de estas vivencias decía que recuerdo, con respeto y admiración, a nuestro querido Maestro, D. Julián Gonzalo Atance, que comenzó enseñándonos a leer y escribir, para luego seguir con otras enseñanzas escolares. Pues bien, parece que fue ayer cuando D. Julián me convenció para que, al salir de clase, fuera rápidamente a la gran casona de la calle Ancha y dijera a mis padres "YA SE LEER", frase que no sé si la manifesté gritando o con una expresión de gozo indefinible, balbuciente o quizá con timidez. Tanto tiempo ha pasado que no recuerdo exactamente qué es lo que me dijeron, pero, poco más o menos, lo que vinieron a decirme es que eso era el primer paso para merecer un gran premio, pues ya había dado el primer paso en el inicio de una andadura por un largo camino que me estaba esperando y que tenía que recorrer, camino que en su mayor parte estaría sembrado de flores, aunque a veces estaría interrumpido por algún obstáculo poniendo alguna dificultad para salvarlo.

Parece que fue ayer pero este largo camino ya ha sido salvado y completado en sus largas etapas, en verdad, si se miden por su longitud, pero cortas, muy cortas, si se tiene en cuenta que este viaje lo he realizado primeramente con la lectura y estudio de la enciclopedia o libros de texto escolares, después con los textos de la enseñanza secundaria del bachillerato en Soria, para seguir con la enseñanza superior o universitaria en la Facultad de Veterinaria. Tras la licenciatura, siguió algún que otro cursillo sobre alguna especialidad o faceta de la carrera, así como la preparación de oposiciones, para que, al llegar la hora o edad de mi jubilación allá en la provincia y capital de Huesca, en 1990, figuraba como "Funcionario de Carrera del Cuerpo Superior (de Veterinarios) de la Diputación General de Aragón", cuando ya había conseguido ser una Región Autonómica dentro del Estado Español. O sea que ya llevo 22 años disfrutando de mi jubilación.

Parece que fue ayer pero ya ha transcurrido mucho tiempo que, paralelamente con la realizada con los estudios y ejercicio profesional, nuestra vida, ahora por razones fisiológicas, también tiene una extensa división según las edades, como son la infancia, la adolescencia, la pubertad, la juventud, la edad viril, la edad media o segunda juventud, la edad madura, la decadencia, la primera vejez, la segunda vejez, la caducidad que ahora me encuentro, a la que siguen la longevidad y la senilidad o decrepitud.

De todas estas etapas, las correspondientes a mi estancia en Trévago son solamente una parte de la enseñanza primaria por una parte y, las de mi infancia y adolescencia por otra parte, que voy a intentar hacer un relato lo mejor que sea posible, pues en el momento actual de mi vida ya estoy mostrando el pergeño propio de una persona octogenaria, ya casi nonagenario que, desde que empecé a leer he llenado esta larga distancia convertido en un asiduo lector sugestionado sin cesar por los encantos de una lectura variada, siempre instructiva y muchas veces emocionante. Tal atracción he sentido por la lectura que, al pasar por delante de los escaparates de las librerías parece que me están invitando a entrar y, ya dentro, o en las bibliotecas, siguen diciendo tómame, abre mis tapas y lee mis páginas, pues me lo agradecerás.

Yo hice los estudios de enseñanza primaria en las escuelas de Trévago y Castilruiz. Ya conocemos la anécdota de "ya se leer" que tuvo lugar en los primeros pasos de mis andanzas en la escuela al cumplir los seis años. Pero, casi paralelo a este hecho ocurrió otro que fue un verdadero episodio, cual es el que provocó mi sorpresa cuando tuve que presenciar, no sé si con la alegría propia de la inconsciencia de la edad, o con un silencio contemplativo, la quema y destrucción de no pocos libros escolares en la zona del frontón dedicada para recreo de los escolares. Todo esto fue debido, sin duda, al cambio de régimen en 1931 con la caída de la Monarquía y la llegada de la Segunda República Española. Este triste recuerdo fue más sensible para el que tendría que cursar posteriormente estudios superiores en la Universidad Española. Impresión que solo fue superada después de varios años mediante el privilegio seductor de haber podido saborear la lectura de diversos tipos de textos y novelas.


Haciendo un pequeño repaso a la memoria sobre estas quemas de libros, tendríamos que preguntarnos cuántas veces se han quemado libros en España con los que se habrían podido fundar no pocas bibliotecas. Así, ya incineraron libros los moros y cristianos en sus respectivas conquistas y reconquistas. También la Inquisición y, en sus últimas etapas, los dos bandos enfrentados en la Guerra Civil de 1936 y su posguerra, desde las piras anarquistas de libros y registros eclesiásticos hasta el expurgo de los falangistas, requetés y párrocos de las bibliotecas de los ateneos populares. El odio a la letra impresa dio sus últimos coletazos al final del franquismo, en los decomisos de libros que se intentaban colar a través de la frontera francesa y el incendio de algunas bibliotecas y librerías en el País Vasco. Y no es faltar a la memoria decir que ya Cervantes, dentro de las múltiples lecciones que hay en El Quijote, ya describe, en sus primeros capítulos, la destrucción de la biblioteca del hidalgo por parte del complot de sus familiares (el cura, el barbero, más el ama y la sobrina) para eliminar los libros de caballerías que habían sido los que causaron sus desvaríos mentales.

Desconozco cuántos y qué tipo de libros se destruyeron y cuál era su contenido, pero lo cierto es que el vacío que dejaron fue ocupado por la ENCICLOPEDIA ESCOLAR como libros de estudio, en sus tres grados (elemental, medio y tercero), del que eran autores José Dalmau Carles o, bien, Félix Marti Alpera otro. Como libros de lectura teníamos EL QUIJOTE de Cervantes, que nunca fue prohibido, y CORAZÓN de Edmundo d'Amicis, que comentaré más adelante, pues en esa célebre Enciclopedia es en la que hemos bebido su saber muchos hombres y mujeres de este país que actualmente contamos más de 60 años. Libro inolvidable, cuya lectura y relectura no deja indiferente a ningún lector. Lecciones de antaño, sonrisas hogaño.

Tanto mi hermano Venancio como yo hemos guardado una buena memoria de nuestro querido maestro y tocayo mío, Don Julián Gonzalo Atance, de su esposa, Dª Carmen Marín y de sus hijos Sebastián, Julián y había otro menor que no recuerdo su nombre. Don Julián llegó a Trévago en 1931, donde permaneció hasta 1946 que marchó a Burgo de Osma. Don Julián, como todos los maestros de entonces, vivía sólo para enseñar, disfrutaba con su escuela y preparaba la mente aún virgen de aquellos niños para que un día pudieran disfrutar y defenderse en la vida. Era un señor dedicado plenamente a la docencia en nuestros buenos tiempos de escuela, y era un responsable señor que siempre parecía totalmente comprometido con impartir sus conocimientos. Tenemos un fiel y grato recuerdo de nuestro mentor en la enseñanza elemental, al ser su entrega total en la impartición de las clases, enseñanzas que aplicaba por igual a todos los alumnos. En su afán de añadir conocimientos más extensos a los alumnos que aspiraban a tener una preparación más alta, pensando en seguir estudios superiores que los llevarían a culminar alguna carrera profesional, nuestro maestro daba clases extras en su casa-vivienda, sin el más mínimo interés pecuniario. Sus esfuerzos obtendrían frutos óptimos para sus educandos, como se ha sabido más tarde.

Don Julián en todo tiempo tenía en mente y llevaba a poner en práctica estímulos en los alumnos y cumplidos deseos-propósitos, señuelos tendentes a motivar la superación de los alumnos, consistentes en que los discípulos más aplicados pasaran a ocupar en el aula-salón de clases "las mesas y sillas especiales" dedicadas ex-profeso a tal fin, pues eran muebles de distinción con cajones individuales para guardar los útiles escolares de cada "afortunado" que sobresaliese. Estos puestos, en buena lid logrados, serían conservados por quienes mantuvieran el ritmo sostenido o ascendente en su aplicación, y, de no ser así, otros alumnos que los superaran ocuparían sus lugares. Estos estímulos llevaban aparejado el compromiso de una conservación impecable de silla y mesa, cosa bien vista y aceptada por todos y cada uno, pues ese era el costo de la distinción. En orden subsecuente seguían en el aula los pupitres duales, y después las mesas-bancas colectivas. Delante y frente a todo esto quedaba, en nivel un poco más alto y dominante, la mesa directiva del profesor.

Todas estas enseñanzas o clases tenían lugar en las ESCUELAS PÚBLICAS, que podemos definir y clasificar como unas edificaciones de hechura a lo cómodo y funcional y de presentación semimodernista, galantería (según tengo entendido) de algunos hijos de Trévago residentes en provincias del interior de España, a quienes la diosa fortuna favoreció y no se olvidaron de su terruño. Están formando una sola y gran nave exteriormente, si bien su interior quedaba dividido por la mitad de su ancho por un tabique de madera o tabla pulida que separaba las aulas, al Este para niñas y al Oeste para niños. Ambos salones eran amplios, cómodos en su ventilación y luminosidad, merced a sus grandes ventanales. Las mesas estaban ubicadas de tal forma que dejaban pasillos laterales y en el centro. La acústica del salón era perfecta. Los baños estaban cerca y eran muy prácticos, aunque no los usábamos nunca.

Sobre los MANUALES, Y LIBROS DE TEXTO, el comentario y criterio que tengo sobre ellos es que la enciclopedia escolar, no sólo dice lo que parece decir, sino muchas cosas que el paso de los años revela en toda su crudeza. Desde una época aparentemente superada, la lectura de esta obra permite a muchos españoles reencontrarse con su infancia. Se trata de un texto que atrae a todos los lectores de hoy, cosa que no es para menos, pues en un solo volumen están resumidos y sabiamente administrados todos los conceptos, nociones y argumentos que un españolito en ciernes debía saber y respetar sobre cualquier materia de interés para su mundana andadura, desde la historia verdadera de España y los rudimentos de lengua, hasta la geografía, la aritmética o las siempre complejas ciencias de la naturaleza, aderezado todo ello con sencillos ejemplos prácticos que nos arrancan, a buen seguro, más de una sonrisa.

A propósito de esta enseñanza, no ha faltado quien ha querido hacer leña del árbol caído, ridiculizando los textos y métodos de enseñanza de la época de la dictadura del franquismo. Me refiero a "El florido pensil" de Sopeña Monsalve, donde evoca y parodia, con un humor andaluz, una serie de símbolos y medios de transmisión ideológica: la escuela cotidiana, la radio local, los tebeos, el cine de los jueves, la televisión,... con la convicción de que la ciencia y la educación de entonces no podían tener mejor destino que el hacer las delicias de los lectores actuales y desatar francamente sus carcajadas, y poniendo al descubierto la pomposa doctrina enseñada en las escuelas del nacionalsindicalismo hasta hace no mucho. El autor ha tomado los textos e ilustraciones de lo que él califica de rancio y oscuro período para preparar ese ensayo humorístico de aquellos tiempos, que considera él como un espejo fiel del franquismo postizo del régimen y de la básica estulticia de los constructores y divulgadores de su ideología que, con opiniones más o menos opuestas, fue llevada a al cine con bastante éxito, ya que siempre estamos dispuestos a reírnos del prójimo.

Como LIBROS DE LECTURA en la escuela figuraban El Quijote, de Cervantes, y Corazón, de Edmundo de Amicis. El Quijote nunca fue prohibido, sino exaltado, aunque a medida que pasaban los siglos, pocos eran capaces de leerlo y mucho menos entero o, en todo caso, habíamos leído las primeras páginas, porque nuestros maestros acostumbraban a utilizarla como lectura obligatoria, sin persistir en el resto de la obra, pues hacer leer los clásicos a la edad de diez años puede desencantar a un lector en ciernes. Quién sabe si esta manía de comenzar a leer por los clásicos haya asustado a demasiados niños españoles, matándoles el amor a los libros, dado que éste no era un país lector, pese a las campañas del Ministerio para promover y estimular la lectura, haciendo uso de diversos lemas.

La vida de Cervantes está cargada de aventuras reales con diversa fortuna que primero le llevaron a dar con sus huesos en la cárcel y, como en España existe una tradición de venganza mental contra los poderosos, Cervantes se desquitó en El Quijote de sus sinsabores de hombre pobre y de mala suerte, manifestando en el libro una inclemente ofensiva contra el espíritu caballeresco, incapaz de comprender la realidad y acostumbrado a ver el mundo a través de sus prejuicios. En este genial alegato contra la obcecación, el convencido y obstinado D. Quijote interpreta la realidad a través de su propia idea, despreciando el sentido común de Sancho Panza. Esta lección se repite muchas veces, resultando muy explícita la lucha contra los molinos, donde no se descubre un suceso simplemente chusco, sino una situación más compleja que se repite constantemente en la vida real. Como todo obcecado, don Quijote confunde los molinos con gigantes y no reconoce su error ni siquiera después de haber sido derribado por las aspas. No acaban aquí las lecciones de El Quijote, que está lleno de ellas. Se suele decir que los artistas geniales hacen preguntas o dan respuestas, y Cervantes, ha ido respondiendo, con esta obra, a las preguntas de todos los tiempos. Cervantes, al principio sólo quería criticar y parodiar los perniciosos libros de caballerías, pero pronto la triste figura del enjuto manchego cobró vida propia, sorprendiendo por la originalidad y complejidad de la obra. No obstante, pasados los siglos, sorprende aún hoy por la originalidad y complejidad de su construcción, la gracia imperecedera y el atractivo irresistible de los dos universales personajes, Don Quijote y Sancho Panza. Esta obra cumbre de la literatura española de todas las épocas ha sido motivo de muchos trabajos, obra que, después de la Biblia, es el libro o novela de que se han hecho más ediciones, o sea, que es la obra más universal y más traducida de cuantas se hayan escrito nunca y como obra de arte literaria alcanzó las cotas de novela más traducida de todos los tiempos.

Esta inmortal obra, de la que leí algo en la escuela, ahora, con satisfacción, puedo decir que la he leído completa por dos veces, en una edición en gran formato que era de mi padre y, actualmente obra en mi poder, está editada con el máximo esmero, por lo que para los grandes del libro es, sin duda, un privilegio poder leer a Cervantes con la literatura y ortografía originales, las que conocieron los lectores y lectoras del siglo XVII. Así mismo, es una edición de lujo, al estar profusamente ilustrada con 377 magníficas láminas hechas por el afamado Gustavo Doré, que la hace una joya digna de un bibliófilo y, es una obra de arte en todos los sentidos, pues sus plasmaciones gráficas se han convertido en la representación más fidedigna, ya que Doré vio de una forma muy particular al personaje y su obra, estilizando las figuras y tomando las escenas con un humor grotesco, como mejor reflejo del espíritu idealista que impregna el Ingenioso Hidalgo. Como nota adicional diré que es la "Segunda edición" que es de mi propiedad. Un ejemplar de la primera edición se encuentra en el Palacio de los Duques de Alba.

Otro libro de lectura en la escuela era Corazón, de Edmundo de Amicis. Se trata de una obra cautivadora cuya fama ha dado la vuelta al mundo, pues es el libro juvenil más célebre y vendido de cuantos se han escrito en Italia, tanto para niños como para adultos. Tiene las más bellas narraciones del mundo. Llenas de ternura algunas y dramáticas otras.

En esta obra, el pequeño Enrique ingresa en la escuela municipal y, llevado por su innato sentido de observación, empieza a narrar en un cuaderno todo lo que oye, ve y piensa dentro y fuera de las aulas. Es una especie de diario de un escolar que resulta un prodigio de perfección narrando su contacto con la vida real y conteniendo una lección de civismo y humanidad en cada página.

En conjunto constituye una serie de relatos heroicos, dramáticos y emotivos, donde el humor, el protagonismo y los buenos sentimientos triunfan sobre todo lo demás. En este diario desfilan personajes inolvidables: uno es un corpulento de cabeza grande y anchos hombros; otro que siempre está alegre y dispuesto a hacer un favor al compañero, como símbolo de la bondad; otro muy pulcro que siempre está preocupado por su atuendo; también encontramos a uno jorobado, y, cómo no, el maestro, persona estricta, pero comprensivo y condescendiente cuando los problemas de sus alumnos así lo aconsejan. Pero, una de las narraciones más conocidas por todos nosotros es la titulada: "De los Apeninos a los Andes" que cuenta la historia del dramático caso de Marco, ya que su madre marcha de Génova a Argentina en busca de fortuna. Marco tiene la corazonada de que pronto va a encontrar a su madre manifestando su amor filial y ensalzando la decisión y animosidad. La televisión lanzó una serie de dibujos animados basados en ese episodio que como libro llega al corazón y está considerado como el clásico juvenil más leído del mundo. Aparte de éste, hay otros relatos o cuentos, pero siempre sobresale sobre todos ellos el de Marco.

De estas lecturas escolares guardaba un buen recuerdo pero, a veces, resultaban un tanto confusos, hasta que, muchos años después, allá por la década de 1960-1970, residiendo en Huesca, con gran sorpresa vi expuesto en el escaparate de una librería un tomo en el que coincidían los datos con este último libro y mi tentación fue tal que no pude resistirme y entré, lo compré y lo leí después con gran interés y satisfacción, recordando las lecturas de mi infancia en la escuela.

Para concluir estos relatos de mi infancia no puedo por menos que analizar la situación en que nos encontramos en la actualidad y ver cómo, el final del siglo XX y comienzos del XXI estamos atravesando y viviendo una época de crisis de valores, de confusión e incertidumbre, así como cierto caos en los medios de la enseñanza por la restricción de medios económicos para la contratación de profesorado en los diversos grados, que ha sido causa para provocar no pocas manifestaciones o huelgas tanto del profesorado como de los alumnos. Ya antes se veía cierto grado de irritación y desmotivación progresiva de los alumnos al ver cómo, en años de abundancia, era fácil ganarse unas pesetillas o euros, abandonando por ello la enseñanza. También las imparables reformas de las leyes educativas, o por otras causas, pero lo cierto es que estamos ocupando unos puestos poco agradables en los diversos "rankings" nacionales e internacionales. Por todo ello hay que resaltar de nuevo los valores que los libros encierran y transmiten para la maduración del ser humano y su integración en la sociedad, cumpliéndose así el lema del proverbio hindú que dice:
Un libro abierto, es un cerebro que habla;
Un libro cerrado, un amigo que espera;
Un libro olvidado, un alma que perdona; y
Un libro destruido, un corazón que llora.

Y, como gratitud a mi afición y aventura de leer, concluyo hoy diciendo: "Y benditos sean mis ojos por donde se ha filtrado en mí la visión maravillosa encerrada en los libros..."

Continuará...

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Nota de la Redacción: Como anécdota, podemos confirmar que Julián conserva en su casa, además de El Quijote, las Enciclopedias que aparecen en este reportaje, guardadas con cariño desde su época de estudiante en Trévago.


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